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Insights

Fútbol en los juegos olímpicos, el trampolín dorado para futuras estrellas

5 Jul 2024   -   

El deporte juvenil y de categorías formativas ha entrado en una nueva fase gracias a la revolución tecnológica. Hoy se pueden dar casos como el de la baloncestista estadounidense Angel Reese, quien tras la final entre LSU e Iowa de 2023, el partido de baloncesto universitario femenino más visto de la historia, recibió un millón de nuevos seguidores en Instagram y terminó por delante de estrellas de la NBA como Anthony Edwards en esta red social. Un aumento de visibilidad que incide en el número de patrocinadores y convierte en superestrellas a jugadores que acaban de empezar su carrera.

La combinación de la magia olímpica, el fútbol y el talento emergente atrae al público y a los medios de comunicación, que proyectan a los jóvenes jugadores estrella no solo como una experiencia que mejora su juego, sino también por la relevancia temprana que les otorga.

En el fútbol, los torneos de desarrollo todavía no han alcanzado un nivel semejante de repercusión mediática, sin embargo, hay una excepción: Los Juegos Olímpicos. Desde Barcelona’92, este torneo se disputa con futbolistas menores de 23 años. Una norma que se aplicó para confirmar una tendencia exitosa. Desde 1984, podían disputar los Juegos Olímpicos jugadores profesionales siempre y cuando no hubiesen disputado un Mundial con la absoluta. Las selecciones, al no poder enviar a sus estrellas, apostaron por sus futuras estrellas. En Los Angeles 84, por ejemplo, destacaron tres jugadores. Franco Baresi, de 24 años, por Italia; Dunga, de 21, por Brasil, y Dragan Stojkovic, de 19, por Yugoslavia. Los tres fueron luego capitanes de sus selecciones en los mundiales de 1990 y 1994.

Se generó un efecto trampolín que fue ratificado en 1992 por el COI y la FIFA con la creación de un campeonato de selecciones sub-23. Los JJOO no le harían competencia al Mundial y a la vez servirían para la promoción de jóvenes talentos. Ningún campeonato de categorías formativas podía competir con la atención que recibe la cita olímpica. La coincidencia de la magia olímpica, el fútbol y el talento emergente le gusta al público y a los medios, lo que proyecta a los grandes jugadores jóvenes no solo como experiencia que mejora su juego, sino por la relevancia temprana que les otorga.

Los futbolistas olímpicos del Barça

Guardiola

El nuevo formato no pudo empezar mejor. Pep Guardiola, un centrocampista de 23 años, había empezado la temporada 91-92 en el FC Barcelona B enfrentándose al filial del Real Madrid y la acabó con el primer equipo del Barça ganando la Copa de Europa ante la Sampdoria. Ya no era ningún secreto, pero si había necesidad de confirmar su talento, ese verano en los Juegos Olímpicos de Barcelona disputó todos los partidos hasta lograr la medalla de oro en lo que supuso su consagración definitiva. Fue su año mágico, también recibió el Trofeo Bravo al futbolista joven más prometedor del fútbol europeo. Y pocos meses después, amplió su contrato con el club tras rechazar ofertas de Roma e Inter de Milan.

Messi

La medalla de oro sirvió para que, en la década siguiente, Messi se hiciera con otra. En un principio, el Barça no veía bien que el argentino disputase los juegos porque coincidían con la fase previa de la Champions, un encuentro en el que se jugaban toda la temporada y Leo ya era el mejor de la plantilla. Como se explica en Pep Guardiola, otra manera de ganar (Roca, 2013), la Corte Arbitral del Deporte había fallado que el club tenía derecho a no dejarle ir, aunque la FIFA insistiera en o contrario. Sin embargo, fue Guardiola, que acababa de aterrizar en el banquillo azulgrana, quien decidió que Messi debía acudir al torneo. Le dijo: “Leo, voy a permitir que vayas porque yo he sido campeón olímpico y quiero que tú también lo seas”.

Durante los JJOO de Pequín, Messi tuvo un papel protagonista en todos los encuentros, pero dejó también momentos icónicos. Cuando derrotó a Brasil, se fundió en un abrazo con Ronaldinho, que acababa de dejar el Barça ese verano. Esa imagen se considera el relevo entre quien había sido el mejor jugador del mundo y quien iba a ser el mejor de la historia en los años posteriores.

Tras los JJOO, se comenzó a proyectar una imagen mundial de Messi para convertirlo en una marca como eran LeBron, Shaq o Federer. En la actualidad, tomando Instagram como medida, tiene más del doble de seguidores que los tres juntos. 500 millones frente a 200.

Cuando regresó de Pekín con la medalla de oro, en Barcelona recibió el dorsal número 10, el que dejaba el brasileño, e inició el mayor periodo ganador del club en toda su existencia y el de un jugador, logró ocho balones de oro. Un año después de la cita olímpica, ya era el mejor pagado del equipo, pero fue mucho más, se convirtió en el gran icono global de la escuela de fútbol del FC Barcelona.

La final olímpica fue el partido más visto de la selección argentina aquel año. Uno después, Dario Brignole, de Shine Entertainment, comenzó a proyectar una imagen mundial de Messi para convertirlo en una marca como eran LeBron, Shaq o Federer. En la actualidad, tomando Instagram como medida, tiene más del doble de seguidores que los tres juntos. 500 millones frente a 200.

Eto’o

A una escala diferente, el oro olímpico fue crucial para Samuel Eto’o en los juegos de Sidney 2000. Fue la primera medalla que consiguió Camerún en cualquier modalidad olímpica. Ese verano acababa de ser cedido al Mallorca, aunque a principios de año se había proclamado campeón de la Copa de África con su selección. Desde entonces, las gestas de “Los leones” pasaron a formar parte de los discursos políticos de los líderes locales y Eto’o no dejó de dar motivos para ello, acabó siendo el jugador africano más laureado. La magnitud del simbolismo que alcanzó su figura ha llegado a tratarse desde el ángulo de la geopolítica, atribuyéndole una capacidad diplomática dentro del poder blando de su país. En los casos de RonaldoNazario y Neymar, que también fueron considerados los mejores del mundo en diferentes momentos de su carrera, el trampolín de los JJOO no pudo ser más evidente. El primero participó en Atlanta y ese mismo verano firmó por el Barça, mientras que el segundo tardó solo un año en hacerlo después de haber competido en Londres 2012.

El 46% de los jugadores que ganaron el oro olímpico jugaron más tarde en al menos una Copa del Mundo.
En el caso de los campeones del Mundial Sub-20, fue solo el 21%, menos de la mitad.

Fuera de la órbita del Barça, Claudio “El Piojo” López, fichó por el Valencia tras colgarse la medalla de plata en los Juegos de Atlanta. Su compañero en la delantera, Hernán Crespo, lo hizo por el Parma. No obstante, en otras ocasiones, el impulso no ha sido tan evidente. Pirlo, tras Sidney 2000, no logró destacar en el Inter de Milan y fue cedido. O el caso de Cristiano Ronaldo, que ya había fichado en 2002 por el Manchester United –fue el juvenil más caro de la historia del fútbol inglés- y fue después cuando disputó los JJOO de Atenas de 2004, donde su selección cayó en primera fase.

Estadísticas de los futbolistas ganadores del oro olímpico

Cabe preguntarse cuáles son los condicionantes que determinan que un jugador joven que ya tiene un talento desarrollado explote en unos JJOO y mantenga su trayectoria. Un estudio, Evolution of football in the Olympics: The role od the Olympics in the life of the young footballer, comparó las carreras de los futbolistas menores de 23 años que obtuvieron el oro con los ganadores del Mundial sub-20 de la FIFA. Los números demostraron que sí que existe el efecto trampolín. Un 46% de los jugadores que ganaban el oro olímpico luego jugaban en al menos una Copa del Mundo. En el caso de los ganadores del Mundial sub-20, solo llegaba a 21%, menos de la mitad. Uno de los casos más elocuentes fue el de Nigeria en Atlanta. Un 68% de los ganadores del oro olímpico luego estuvieron en el Mundial de Francia en 1998, dieciséis jugadores.

De hecho, cada selección ganadora del oro olímpico siempre se ha clasificado para la Copa del Mundo que llegaba a continuación dos años después. Además, se producía otro fenómeno. La edad media de esa selección en el Mundial, siempre bajaba cuando venía del triunfo en los JJOO, lo que demuestra la importancia que el torneo olímpico tiene a la hora de aumentar el valor de los jugadores o consolidarlo.

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